"Gordamente Feliz" siempre había sido la frase perfecta para describir a Sebastián Batista, un joven que ahora a sus 20 años se preparaba para el regreso de su mejor amiga de la infancia, Kate Cedeño, la gorda de al lado, a quién había dejado de ver hacía cinco años, ya que junto a su familia se tuvo que mudar, según ellos debido a que Julian Cedeño, su padre, había recibido una excelente propuesta de trabajo en otra ciudad, aunque todo el mundo sabía que en realidad huía de ciertos problemas legales que enfrentaba en ese entonces.
Hoy día Kate y él solo se comunicaban por e-mail y muy poco, aunque doliera aceptarlo, la distancia había desgastado su amistad, el alma de Sebastián se desgarraba por dentro de solo pensarlo, para el Kate realmente era más que su mejor amiga de la infancia, era su amor platónico eternamente sufrido y se moría por volverla a ver, por aprovechar este mes que la tendría cerca y no dejarla ir nunca más, no estaba dispuesto a suicidarse por segunda vez.
Los preparativos para la bienvenida de la chica lo tenían exhausto, "una fiesta? invito gente de la escuela? o mejor en privado? sería demasiado agresivo?, que hago? no lo quiero arruinar todo, todo debe ser perfecto" se decía. Y de esta forma había corrido la semana más importante de su vida desde que Kate le dió la gran noticia, esa noticia era esperanza, era la luz al final de un oscuro camino, que había tenido que recorrer solo, ella al fin estaría a su lado.
"Si es perfecto" una idea genial vino a su mente, recordó el número que los hizo legendarios en tiempos de escuela, "Gordos pero Felices", un número musical escrito e interpretado por ellos mismos, que les había dado el primer lugar en el festival de sexto grado, sacándolos del ollo de los fracasados hacia la cima de el éxito, aunque fuese solo por unas semanas, pero sí, esa sería la forma de volver al pasado y de que todo volviera a la normalidad, "Calma, lo tengo todo bajo control" pensó.
Dos días después sonó el timbre de su casa, "Dios mío, llegó" se dijo a sí mismo mientras se volvía a peinar, arreglaba su saco y recogía las flores con las cuáles la recibiría y abrio la puerta, pero...
"Dios mío!!! ¿eres tú? ¿Kate?"
CONTINUARA...
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