Desde el momento en que volvió a ver a su mejor amigo, Kate había notado un cambio en él y no específicamente las varias libras y centímetros que tenía de más, si no el mal carácter que ahora lo llevaba de la mano, la chica no paraba de pensar en ello, de buscar una solución, una formula, un hechizo que le trajera a su gordito de vuelta, pero entre las preocupaciones por su proximo desfile y atender a su novio, simplemente su cerebro no producía nada considerable.
La noche anterior había logrado algo importante, hacer posible que Sebastián y Glesko se relacionaran sin ella en medio, tarea que al principio le parecía imposible, no cabía en su cabeza que un chico ruso que se había pasado cinco años de su vida enseñando sus calzoncillos sobre una pasarela tuviera algo en común con un chico latino que se había pasado toda su vida comiendo hamburguesas, pero al parecer el señor escuchó sus suplicas y lo imposible tomó suelo.
Otra cosa que la persiguió desde el momento en que llegó a el lugar de sus pesadillas fueron las sorpresas, "Y pensar que la sorpresa sería mi peso" pensaba ella, sin saber que ese era uno de los pilares de la destrucción; pero en fin, ya estas no la asustaban y con una sonrisa y un "Nos vemos a las cinco" acordó de verse con Sebastián en PeterBurguesas, pero esta ves serían solo ellos dos, sin embargo esta idea la hacía dudar, ¿Porque querría Sebastián hablarle a solas?, ¿Era esta una despedida o un real reencuentro o simplemente su amigo odiaba a su Glesko o en realidad le agradaba?, en fin, ahora le tocaba esperar un par de horas más.
-¿Que van a pedir?-Les dijo el mesero justo diez minutos después de haberse sentado, diez minutos de silencio, que pobre es la comunicación digital, que poco se conocían ahora, que triste sentirse incómodo frente a el mejor amigo.
Kate pidió ensalada, Sebastián pidió dos Peter Gigantes con tocino francés, el gordo estaba dispuesto a recuperar a su amor perdido y estimular cada uno de sus sentidos era solo un detalle y si por un sabor pudiera darle la primera vuelta a la ruleta el estaba dispuesto a hacerla girar hasta marear de amor a su presa, un batido de fresa y un PeterPostre fantabuloso también los acompañarían a dar una vuelta por el pasado, ella recordaría lo genial que era el estar juntos; por supuesto la modelo se negó, estaba a tres días de su desfile, pero el gordo puso su patética cara de cordero herido y la hizo acceder y sufrir al comer.
Esa noche los viejos amigos caminaron a casa de Kate, antes de llegar pasaron al parque y se sentaron en los columpios, sin lograr aún, ninguno de ellos, romper el hielo, por más que quisieron; pero el tiempo huía y Sebastián no estaba dispuesto a perder una oportunidad como esa, no sabía como hacerlo, no sabía que esperar, pero pedía un milagro al cielo, pedía que ella se rindiera a su amor, que dejara a Glesko y que se amaran por siempre, pero en el fondo sabía que estaba loco, pero de amor; ¿que hacer? la desesperación atrapó al gordo y le dió la fuerza para actuar con demencia por primera vez en su vida y así el gordo se levanto la manga y Kate no recuerda más nada.
Treinta minutos después Kate despertó en el sillon de la casa de su amiga Diana, donde se quedaba estos días con Glesko, Sebastián la había traido cargada desde el parque y lo peor se dió cuenta de que no había sido una pesadilla, ahora el gordo y su novio, uno al lado del otro, le preguntaban si estaba bien, se notaban preocupados, pero ella se sentía ahogada, se percataba con su mirada nublada de la competencia que se avecianaba, tenía que hacer algo.
Pero al ir recobrando el sentido se convirtió en un cuestionario, ¿Que le dijo Sebastián a Glesko?, ¿Sabe Glesko la verdad de lo que pasó?, ¿Se había ella convertido en un trofeo?, ¿Habría tenido Sebastián la valentía de enfrentar a el ruso?, ¿La amaba de verdad?, "Que tonta soy, claro que no, ambos están ocupados en mí, no han tenido tiempo de hablar tonterías y no voy a permitir que lo hagan" se calmó a si misma, calma que no duró mucho tiempo, definitivamente el gordo no se atrevería a enfrentar a Glesko y menos en una situación como esa, en donde la rabia y la humillación podrían transformar al ruso, pero conociendo a Sebastián, ella sabía que además de cobarde, su amigo era tonto y no cuidaba los detalles, carácterística que hizo que olvidara bajarse la manga y por supuesto Glesko había visto el tatuaje, comprendiendo la situación.
Con la ayuda de ambos y con la molestia de Glesko, Kate logró recostarse, en seguida su novio le señalo el brazo de Sebastián, pero antes de permitir que la acorralaran entre el gordo y el modelo, ella se levantó y caminó hacia su cuarto, encerrandose, Glesko corrió a Sebastián, quién no tuvo más opción que salir, no sabía que papel jugaba ahora en la historia, se sentía como el protagonista que lucha por el amor de la bonita, pero también como el villano que traicionaba a más amable ruso secundario, quizás el gordo simplemente era una persona real, ni bueno, ni malo, real.
Un nuevo día, una nueva visita a Peter Burguesas, Kate lo había citado en ese lugar, pero la sorpresa del gordo fué que con quién se encontró fué con el ruso, quién lo miró con furia desde la mesa en donde estaba, Sebastián se sento en otra mesa, una hora después llegó Kate y se sentó en una tercera mesa, tanto el ruso como el gordo se pasaron a dicha mesa, ella no dijo nada, solo se alzó la manga de su sueter y ahora su tatuaje también estaba terminado.
CONTINUARÁ...
La noche anterior había logrado algo importante, hacer posible que Sebastián y Glesko se relacionaran sin ella en medio, tarea que al principio le parecía imposible, no cabía en su cabeza que un chico ruso que se había pasado cinco años de su vida enseñando sus calzoncillos sobre una pasarela tuviera algo en común con un chico latino que se había pasado toda su vida comiendo hamburguesas, pero al parecer el señor escuchó sus suplicas y lo imposible tomó suelo.
Otra cosa que la persiguió desde el momento en que llegó a el lugar de sus pesadillas fueron las sorpresas, "Y pensar que la sorpresa sería mi peso" pensaba ella, sin saber que ese era uno de los pilares de la destrucción; pero en fin, ya estas no la asustaban y con una sonrisa y un "Nos vemos a las cinco" acordó de verse con Sebastián en PeterBurguesas, pero esta ves serían solo ellos dos, sin embargo esta idea la hacía dudar, ¿Porque querría Sebastián hablarle a solas?, ¿Era esta una despedida o un real reencuentro o simplemente su amigo odiaba a su Glesko o en realidad le agradaba?, en fin, ahora le tocaba esperar un par de horas más.
-¿Que van a pedir?-Les dijo el mesero justo diez minutos después de haberse sentado, diez minutos de silencio, que pobre es la comunicación digital, que poco se conocían ahora, que triste sentirse incómodo frente a el mejor amigo.
Kate pidió ensalada, Sebastián pidió dos Peter Gigantes con tocino francés, el gordo estaba dispuesto a recuperar a su amor perdido y estimular cada uno de sus sentidos era solo un detalle y si por un sabor pudiera darle la primera vuelta a la ruleta el estaba dispuesto a hacerla girar hasta marear de amor a su presa, un batido de fresa y un PeterPostre fantabuloso también los acompañarían a dar una vuelta por el pasado, ella recordaría lo genial que era el estar juntos; por supuesto la modelo se negó, estaba a tres días de su desfile, pero el gordo puso su patética cara de cordero herido y la hizo acceder y sufrir al comer.
Esa noche los viejos amigos caminaron a casa de Kate, antes de llegar pasaron al parque y se sentaron en los columpios, sin lograr aún, ninguno de ellos, romper el hielo, por más que quisieron; pero el tiempo huía y Sebastián no estaba dispuesto a perder una oportunidad como esa, no sabía como hacerlo, no sabía que esperar, pero pedía un milagro al cielo, pedía que ella se rindiera a su amor, que dejara a Glesko y que se amaran por siempre, pero en el fondo sabía que estaba loco, pero de amor; ¿que hacer? la desesperación atrapó al gordo y le dió la fuerza para actuar con demencia por primera vez en su vida y así el gordo se levanto la manga y Kate no recuerda más nada.
Treinta minutos después Kate despertó en el sillon de la casa de su amiga Diana, donde se quedaba estos días con Glesko, Sebastián la había traido cargada desde el parque y lo peor se dió cuenta de que no había sido una pesadilla, ahora el gordo y su novio, uno al lado del otro, le preguntaban si estaba bien, se notaban preocupados, pero ella se sentía ahogada, se percataba con su mirada nublada de la competencia que se avecianaba, tenía que hacer algo.
Pero al ir recobrando el sentido se convirtió en un cuestionario, ¿Que le dijo Sebastián a Glesko?, ¿Sabe Glesko la verdad de lo que pasó?, ¿Se había ella convertido en un trofeo?, ¿Habría tenido Sebastián la valentía de enfrentar a el ruso?, ¿La amaba de verdad?, "Que tonta soy, claro que no, ambos están ocupados en mí, no han tenido tiempo de hablar tonterías y no voy a permitir que lo hagan" se calmó a si misma, calma que no duró mucho tiempo, definitivamente el gordo no se atrevería a enfrentar a Glesko y menos en una situación como esa, en donde la rabia y la humillación podrían transformar al ruso, pero conociendo a Sebastián, ella sabía que además de cobarde, su amigo era tonto y no cuidaba los detalles, carácterística que hizo que olvidara bajarse la manga y por supuesto Glesko había visto el tatuaje, comprendiendo la situación.
Con la ayuda de ambos y con la molestia de Glesko, Kate logró recostarse, en seguida su novio le señalo el brazo de Sebastián, pero antes de permitir que la acorralaran entre el gordo y el modelo, ella se levantó y caminó hacia su cuarto, encerrandose, Glesko corrió a Sebastián, quién no tuvo más opción que salir, no sabía que papel jugaba ahora en la historia, se sentía como el protagonista que lucha por el amor de la bonita, pero también como el villano que traicionaba a más amable ruso secundario, quizás el gordo simplemente era una persona real, ni bueno, ni malo, real.
Un nuevo día, una nueva visita a Peter Burguesas, Kate lo había citado en ese lugar, pero la sorpresa del gordo fué que con quién se encontró fué con el ruso, quién lo miró con furia desde la mesa en donde estaba, Sebastián se sento en otra mesa, una hora después llegó Kate y se sentó en una tercera mesa, tanto el ruso como el gordo se pasaron a dicha mesa, ella no dijo nada, solo se alzó la manga de su sueter y ahora su tatuaje también estaba terminado.
CONTINUARÁ...