"Sí Leo, la amo, la amo, ahora estoy seguro de que eso nunca dejó de ser así."
"Si te lo propones, ella se podría enamorar de tí y estarían juntos por siempre." Lo alentó su amigo, cuyas palabras por alguna razón le daban esperanza, aún y cuando en realidad el no creía en ellas, pero ¿cómo?, era fácil decir "sí me lo propongo, la voy a enamorar", lo difícil era soportar la decepción un mes después cuando se diera cuenta de que no consiguío nada más que un adiós y un buena suerte.
Leo era un joven de objetivos y su vecino era uno de ellos, quería que dejara de sentirse el más miserable de los hombres y se diera cuenta de lo mucho que valía, preparar un organizado plan para ayudar a el gordito sería el primer punto de su propio plan para que el joven dejara de perder el tiempo en lamentaciones y empezara a vivir. Según Leo, el problema principal era que el joven no tenía confianza en sí mismo, era demasiado negativo y despectivo respecto a sí mismo, una serie de platicas de hombre a hombre harían cambiar un poco la dañina autocrítica, además de una dieta y un plan de ejercicios, si una apariencia mas saludable le daría más seguridad, el lo ayudaría a obtenerla.
Sebastián no creía en este plan, conociendo como odiaba las pesas y el hambre, le daba un noventa por ciento de las posibilidades al fracaso rotundo, pero en fin, que otra opción tenía, él no tenía ninguna idea que lo pudiera ayudar con Kate, si Leo creía en su plan, ¿porqué no darle una oportunidad?. Esa misma tarde, el atlético profesor lo pasó a recoger a su casa, él, ya vistiendo su único conjunto deportivo, que ya casi no le quedaba, le advirtío antes de salir, "No me interesa ser anorexico.", Leo le explicó que el nunca lo ayudaría a pasar de una enfermedad a otra, si no a mejorar.
Y así diez minutos después de las cinco de la tarde los jovenes llegaron a "PowerPeople" el gimnasio al que Leo asistía, como todo nuevo propósito este y en particular este lo llenaba de nervios y desde el momento en que entró al gimnasio también se sentía lleno de una energía y una dispocición que le daban esperanza con Kate, ahora realmente esperaba poderla conquistar, lo que no esperaba era verla allí, que chica era la ciudad, que difícil era ver al atlético Glesko, paseándose como pez en el agua y exhibiendo, además de sus músculos, a la delgada Kate como un trofeo, "Y pensar que es el amor de mi vida." pensó Sebastián, cuyo ánimo se fué al suelo, necesitaría cinco años por lo menos para verse como el ruso, ¿pero que pensaba?, el no quería verse como el ruso, el no quería tener que comer ensalada en un restaurante de hambuerguesas y tomar claras de huevo al llegar a casa, ¿Que hago aquí? se preguntó así mismo, pero antes de poder contestarse, ya los amigables modelos se habían acercado, él les había presentado a Leo y habían acordado entrenar todos juntos, "No me puedo quedar atrás, aunque me cueste y mañana no pueda volver hoy tengo que mostrarme tan fuerte como el idiota de Glesko" pensó.
Una hora, mucho sudor y algunos quejidos aguantados después Sebastián se dió cuenta de que no se trataba de que una vida de ejercicios no fuera para él, se trataba de proponerse algo y lograrlo; Leo, Kate, todas las personas con buena figura e incluso Glesko, con todo y su inmadurez, merecían la figura que tenían, sufrían lo suficiente en ese mundo de metal como pagar el sufriento de gente como él, que no estaban agusto con su figura, comprendío que en este mundo si te importa tu figura, tienes que luchar por ella y de una u otra forma sufrir por ella, ya fuera como ellos dentro de un gimnasio o como él fuera de este.
Sebastián sobrevivió una hora de ejercicio, esto no era tan nuevo, ya lo había hecho antes, lo nuevo es que esta vez al terminar, seguía sientiéndose motivado, el dilema era si la motivación era la correcta, lo ideal era que se sintiera motivado por sí mismo, por querer cuidar su salud, pero el mundo no era perfecto y esta vez, él estaba enamorado.
Esa noche, después de que Leo lo dejó en su casa, Sebastián camino directo a su cama y cayo rendido, físicamente, emocionalmente no lo estaba, ahora sabía que como le dijo su vecino si se lo proponía ella se enamoraría de él y tendrían un final feliz, ahora era posible que Kate dejara a Glesko, aunque el no se lo mereciera porque era tan amable con él, que le hacía sentir mal el solo pensar en hacerle daño, "El casi ni entiende lo que le digo, pobrecito" se repetía constantemente, pero no sentía lastima por él, el ruso era un contrincante muy fuerte y su bondad no debía derrotarlo.
Era cuestión de una desición, el podía facilmente echar todo abajo, usar el dolor físico por el que pasaba como pretexto para al día siguiente decirle a Leo, no hoy no voy y no ir nunca más y seguir comiendo hamburguesas diariamente y llorar a Kate el resto de su vida o podía escribir entres sus neuronas "Ella será mía y yo seré suyo" y de esa manera tomó la desición, levantó a Leo a la media noche y se fueron juntos a "Tinta" un lugar de tatuajes, que era considerado por Leo, "el más seguro" y ahí, apoyado por su amigo, se tatuó Kate en un corazón en su brazo derecho, al salir no pudo creer lo que vió, la ciudad definitivamente era demasiado pequeña, Kate y Glesko entraban juntos al lugar y aunque como siempre trató de esconderse, lo volvieron a ver y a saludar, ellos se tatuarían sus nombres, el uno en el brazo del otro, "Uy ¡que románticos!, uy que estúpido soy!" sufrió. Kate lo interrogó, el trató de huir usando mil excusas, pero el parche que el tanía en el brazo, lo delató.
-¿Te tatuaste?, No lo puedo creer, ¿te dolío?¿que te tatuaste?
"Dios mío, cállala por favor." pensó Sebastián aguantándose para no salir corriendo, gritando y llorando, que era lo que hacía en su interior.
CONTINUARÁ...
jueves, 5 de febrero de 2009
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